La excepción confirma la regla

Diciembre 2005

John Leland visitó una sala de abortos en la cuidad de Little Rock, Arkansas, y relató su experiencia para el periódico norteamericano New York Times (18 de septiembre del 2005). La historia parece ser objetiva.

Alexia, de 23 años, que llevaba un colgante en forma de cruz, estaba teniendo su tercer aborto. De confesión Bautista, dijo que "mi religión está en contra de esto. En cierta forma, siento que estoy actuando mal, pero uno puede ser perdonado". Sí, se puede ser perdonado, pero esto suena como un perdón automático sin mucho, o nada, de contrición. Como quiera que sea, los bautistas creen que uno se salva sólo por la fe, no por las obras. Si es así, ¿es realmente necesario ser perdonado por hacer algo mal?

Luego está Regina, de 28 años, una católica, sargento en el ejército, que apenas llegó de Iraq. Ella culpó a una enfermera que le inyectó, en Iraq, un anticonceptivo Devo-Provera defectuoso. Ya había tenido un aborto, luego del cual fue a hacer una confesión, en la cual el sacerdote le dijo que "las personas cometen equivocaciones". Si sólo fue una "equivocación", ¿por qué no tener un segundo aborto? Y ella lo hizo.

Hemos escuchado que el ultrasonido convencerá a las mujeres de no tener abortos. Venecia, de 21 años y 12 semanas de preñez, vio uno pero no obstante abortó. "Kori, de 26 años", informa Leland, "que estaba teniendo su tercer aborto, pidió ver el proceso (del aborto) en el monitor del ultrasonido. 'Quería saber cómo era’, dijo. 'No era tan malo mirarlo. Ya que decides hacerlo, lo asumes y sigues adelante’".

Luego está Leah, 26. Relata Leland: "Como Leah estaba encinta de solo cinco semanas, la imagen mostraba una masa informe. 'Si en el ultrasonido’ -- dijo -- 'hubiera visto el feto de un bebé real, no hubiera podido hacerlo’".

Leah admite ser egoísta. De esto es de lo que trata el aborto. Los liberales que quieren mantener legal el aborto, están siempre señalando con el dedo a los conservadores -- que siempre quieren rebajar los impuestos, a quienes no les preocupan los pobres, y ansían ser ricos aún a costa de aprovecharse de la gente pobre. Los conservadores son egoístas. Pero los liberales también quieren mantener el egoísmo vivo, incluso aún más.

Los liberales dicen que el remedio para el aborto son los diversos anticonceptivos. Pero Leland menciona que el (pro abortista) Instituto Alan Guttmacher informó que más de la mitad de los abortos ocurren cuando las mujeres han tomado anticonceptivos. Obviamente, éstos no son la solución para los abortos.

En muchos estados del EE.UU. existen regulaciones sobre el consentimiento de los padres de los menores que quieren abortar. Estas son ciertamente cosas buenas, pero que pueden soslayarse fácilmente. Leland dice que en el estado de Arkansas, "los jóvenes pueden puentear a los padres si persuaden a un juez que son lo suficientemente maduros como para tomar la decisión por sí mismos, o que ella sería en su mejor interés". Tom Tvedten, un abortador en la sala de abortos de Little Rock, dice que "es suficiente ir ante un juez y decirle: 'Tengo miedo de contárselo a mis padres porque me van a abusar’. Es todo lo que tienes que decirle. No es necesario que sea la verdad porque ¿quién puede saberla?". De acuerdo a la corte suprema, los estados pueden restringir el aborto pero no al punto de crearle a la mujer una "excesiva carga", y no lo hacen.

"Para la clínica" -- informa Leland -- "las regulaciones agregan más trabajo y personal extra... Las nuevas leyes de licencias, promulgadas en 28 estados, requieren condiciones de equipamiento (para abortos), llevar registros, infraestructura adecuada y otros temas...". A los liberales no les gustan estas regulaciones, aunque en otros aspectos aman las reglamentaciones estatales. Por otra parte, muchos conservadores apoyan las regulaciones a las clínicas abortivas, no obstante ser opuestos a las regulaciones estatales. ¿No es esto extraño?

Leland observa que "a medida que las leyes se hacen más restrictivas, la tecnología va por la otra vía, haciendo posible, por medio de píldoras o cirugía, que los abortos sean más prematuros o tardíos en el embarazo.

Se supuso que la píldora RU-486 haría más fáciles los abortos. Pero no ha cumplido con su "promesa". Leland dice que el aborto quirúrgico es más barato, seguro y menos doloroso.

El problema con el informe de Leland es que a la mayoría de los norteamericanos no les gusta el aborto. Pero como lo manifiesta Ann F. Osborne, la copropietaria de la clínica abortiva de Little Rock, "muy frecuentemente oigo decir 'No creo en esto, pero mi situación es diferente’". Asiduamente nos devanamos los sesos para entender el dicho "la excepción confirma la regla". Pero ahora sabemos lo que significa. Lamentablemente, esas pequeñas excepciones harán que el aborto sea la norma por un largo tiempo por venir.



New Oxford Notes: Diciembre 2005

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