MALVERSACIONES POST DEPÓSITOS
Una investigación de las vulnerabilidades financieras al nivel parroquial

Octubre del 2005By Michael W. Ryan

Michael W. Ryan es un oficial retirado de la justicia federal, con experiencia en la conducción de auditorias financieras e investigaciones de seguridad. Después de su retiro, se interesó en la seguridad en la iglesia y desarrolló detallados procedimientos, que apropiadamente implementados y monitoreados, virtualmente garantizan que cada dólar depositado en la canastilla de la colecta el sábado a la tarde o el domingo por la mañana sea depositada en la cuenta bancaria de la parroquia. Esos y otros procedimientos pueden ser bajados gratuitamente de su sitio del web, www.ChurchSecurity.info.

Así como el agua y la electricidad buscan la vía con la menor resistencia, así el ladrón busca las formas más fáciles y seguras de forrar sus bolsillos con el dinero de otros. En mi artículo del septiembre del 2003 del NOR, "El robo de sacerdotes y líderes laicos de la limosna dominical", me referí al fenómeno del robo de las colectas dominicales en las iglesias católicas de los Estados Unidos. Al momento de este escrito, las condiciones generales que permiten, incluso estimulan tales latrocinios, permanecen sin cambios.

El propósito del presente artículo es puntualizar que el establecimiento de un sistema seguro para el manejo de los fondos de la colecta dominical, antes de que ellos lleguen al banco, no pondrá fin, ipso facto, a las malversaciones en la iglesia. Un estafador prefería mucho más dar el golpe antes que los fondos hayan sido asentados documentalmente y depositados, pero lo hará después si es su única opción. Ciertamente, evidencias anecdóticas referidas a pasados desfalcos establecen claramente que cierto número de estafadores se ha enriquecido tanto antes como después de que los fondos de la colecta hayan ingresado a la cuenta bancaria de la parroquia.

Antes de examinar los diversos caminos por los que un estafador puede sacar provecho de las operaciones financieras parroquiales, sería útil rever lo que la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB) y su controlador fiscal, la Conferencia Diocesana de Gestión Fiscal (DFMC), han hecho para asesorar a las parroquias en la formidable tarea de proteger sus recursos contra el robo y la malversación. Para hacerla corta, no han hecho virtualmente nada en ese sentido. Permítaseme explicarlo.

En 1992 el Comité de Prácticas Contables de la Conferencia católica de los Estados Unidos (USCC, ahora USCCB) inició un proyecto para estudiar y proponer mejores controles financieros internos diocesanos. Tres años después, el consejo de la DFMC, el comité de presupuesto y finanzas NCCB/USCC y el consejo administrativo de la USCC, aprobaron por unanimidad un documento titulado "Diocesan Internal Controls: A Framework". En su prólogo, aparece una advertencia escrita con el propósito de llamar la atención en el nivel diocesano pero que no encara específicamente temas del nivel parroquial. (Al igual que con este escrito, quien lo desee puede bajar el documento del sitio en la web de la USCCB, www.usccb.org.

Desde que la principal fuente de recursos de la iglesia tiene su origen en el nivel parroquial, sería lógico esperar que cualquier estudio de control interno iniciado con el propósito de alertar a los obispos norteamericanos sobre problemas de fraude y prácticas financieras engañosas, debería comenzar con la principal fuente de recursos (la colecta dominical) y seguir de allí hacia arriba. Sin embargo, como para subrayar su limitado alcance, el documento que informa sobre la seguridad de la colecta dominical consiste en una recomendación, algo vaga y superficial, para corregir una situación contable y bancaria con insuficiencias, en la que una persona es la responsable de realizar todas las funciones contables y bancarias. La solución recomendada que (debido a restricciones de copyright) no puede ser brindada en este artículo, no comienza por proveer el tipo de orientación necesaria para hacer segura la colecta del domingo.

Si es seguido integralmente, el documento de la USCCB debería ofrecer un efectivo final a las malversaciones llevadas a cabo en el nivel diocesano. Además, muchas de sus recomendaciones son fácilmente adaptables a operaciones financieras de nivel parroquial e, implementadas, contribuirían grandemente a la terminación, también en ese nivel, de las frecuentes malversaciones pos-depósitos. Enfatizo "pos-depósito", porque lo poco que el documento dedica a la colecta dominical significa que la principal fuente de recursos seguirá siendo tan vulnerable como en la actualidad. Desafortunadamente, mientras el documento de la USCCB afirma que sus recomendaciones pueden ser de utilidad en el nivel parroquial, se deja a la decisión de cada diócesis qué, si algo, será extraído del documento y aplicado a dicho nivel. Ciertamente, cada obispo es libre de ignorar completamente el documento. Esa es la sacrosanta prerrogativa de cada obispo.

La clave para asegurar las operaciones financieras

Si la esencia de las medidas efectivas contra las malversaciones pudiera resumirse en una sola frase, estaría muy bien expresada por las palabras separación de responsabilidades. Con esto quiero decir que la probabilidad de una parroquia de ser víctima de una estafa no detectada está directamente relacionada con el grado en que el control de sus operaciones financieras y registros dependa de un solo individuo. En la medida en que el mismo se incremente, del mismo modo ocurre con su habilidad para malversar o estafar con los dineros de la parroquia. Por lo tanto, manteniendo constantes otros factores, se podría decir que las parroquias más pequeñas -- por ejemplo, las que tienen poco personal -- son las que más riesgo corren de ser estafadas.

Como quiera que sea, sobre la base de la aparente aversión de la USCCB para ordenar procedimientos seguros a nivel parroquial, casi todas las parroquias católicas (independientemente de su tamaño) son vulnerables a diversos sistemas de estafas, realizadas tanto por los cleros como por los laicos. La excepción serían esas diócesis (si hay alguna) que han desarrollado procedimientos genuinamente seguros y los han aplicado por todo el diócesis, como así también las parroquias de otras diócesis que tienen tanto la previsión como la pericia de establecer y mantener su propio, genuino y seguro sistema de contabilidad e información. Si bien no conozco estadísticas sobre esto, el bien demostrado desdén de la USCCB por las medidas de protección de los recursos sugiere que esas excepciones representan una extremadamente pequeña proporción del total.

¿Por dónde empezar?

Como se ha dicho previamente, la clave para lograr una operación financiera segura reside en la separación de responsabilidades para establecer un sistema de controles y balances en los cuales ninguna persona individualmente (incluido el párroco) tenga total control o acceso a los fondos de la parroquia. El único elemento que, necesariamente, variará es hasta qué punto hasta el cual esas obligaciones y responsabilidades pueden separarse; una parroquia extensa, dada su mayor y más especializado staff, puede establecer una separación más compleja. Pero los principios básicos son los mismos para todas.

En ausencia de normas dadas por sus diócesis, incumbe a cada parroquia determinar la mayor separación posible que pueden tener las diversas obligaciones y responsabilidades financieras (basada en el tamaño y estructura parroquial) y entonces implementar dicha separación. Aunque es bien orientado hacia las operaciones diocesanas y no explica la forma de proceder con la colecta de los domingos, el documento de la USCCB contiene, no obstante, mucha información que debería ayudar en este proceso.

Un hecho ilustrativo

El 14 de enero del 2005, un artículo en el periódico Belleville News Democrat anunciaba que un no nombrado "tenedor de libros con una adición al juego" malversó $144.000, provenientes de la Iglesia de San Patricio en East St. Louis, Illinois. Según el artículo, la estafa llevaba varios años; el vicario general de la diócesis de Belleville afirmó que los fondos "provenían de una cuenta integrada únicamente por contribuciones hechas por los parroquianos en misa". Muy probablemente, estaba refiriéndose a la principal cuenta bancaria, en la que son depositados los fondos de las colectas dominicales de cada semana.

El ardid operaba de la siguiente forma: el tenedor de libros prepararía cheques pagaderos a varios comercios por sumas menores a $500 cada una y se los presentaba al párroco para su firma. Éste los firmaba creyendo, presumiblemente, que eran en pago por bienes o servicios prestados, y luego los devolvía al tenedor de libros para su entrega al comercio. Habiendo obtenido la firma del párroco, el tenedor de libros borraba el nombre de éste, ponía en su lugar su propio nombre y cobraba el cheque.

Según el artículo, el ardid sólo fue descubierto porque un miembro de la parroquia, que estaba estudiando los asientos financieros de la misma en respuesta a un plan diocesano para fusionar dos parroquias, no pudo ubicar los resúmenes bancarios necesarios. Él alertó a los funcionarios diocesanos que, subsecuentemente, determinaron que "una cantidad de cheques fueron pagados al tenedor de libros".

Vale la pena hacer notar que este defalco ocurrió en la diócesis encabezada por el Obispo Wilton Gregory, anterior presidente de la USCCB y actual arzobispo de la arquidiócesis de Atlanta. Su respuesta al descubrimiento fue la de asegurar el repago de los compromisos adquiridos por el tenedor de libros y "no informar del robo a la policía". La decisión del obispo de ocultar los pormenores de este delito a las autoridades puede ser vista por algunos como un acto de misericordia y perdón. Pero yo creo que él establecido un peligroso precedente de indulgencia que va a estimular a empleados de la iglesia con similares inclinaciones a mantener sus vicios a través de la malversación de los fondos parroquiales.

Las lecciones

Curiosamente, la historia de este aparentemente simple caso, realmente resalta varios ingredientes claves necesarios para un programa efectivo de prevención de desfalcos post depósitos. En una palabra y como previamente se ha dicho, todo gira en torno al principio de separación de tareas.

Para empezar, el párroco obviamente concedió transformarse en poco más que un sello de goma y firmó cualquier cosa que el tenedor de libros le pone por delante. En algún punto de este proceso de desembolso, él debería haber revisado las facturas que justificaban la emisión de esos cheques; claramente, no lo hizo. Si hubiera exigido que todos los cheques presentados para firmar estuvieran acompañados por el papeleo que justificaba su emisión, es muy probable que el tenedor de libros hubiera decidido no malversar.

Incluso faltando los justificativos, el ardid se hubiese frustrado si el párroco se hubiera atenido a la simple precaución de exigirle al tenedor que presentara sobres del correo y (de ser posible) documentos de pago con los cheques, y entonces poner personalmente cheques y documentos en el correo, o teniendo secretario y otro colaborador, además del tenedor de libros, que ellos lo hicieran. Esta simple y sola práctica hubiera impedido que ese ardid particular pudiera siquiera comenzar a llevarse a cabo. Por cierto, el tenedor de libros podría haber diseñado un plan más complejo, utilizar un compinche o un falso nombre comercial y/o una dirección postal bajo su control -- pero eso hubiera requerido una malversación mucho más osada, ingeniosa y definida.

Los desfalcos que impliquen la emisión de cheques que son posteriormente desviados o alterados, dependen frecuentemente de la habilidad del estafador para interceptar el resumen mensual del banco. Una revisión independiente y objetiva del resumen bancario y de los cheques cancelados hubiera revelado las alteraciones y puesto fin al ardid. Aparentemente, ello no ocurrió en este caso: el parroquiano que descubrió la confabulación no pudo ubicar los resúmenes bancarios. Obviamente, el tenedor de libros los estaba interceptando, destruyéndolos totalmente o escondiéndolos para evitar su examen por alguien más. Si el párroco, o cualquier otro, además del tenedor de libros hubiera sido responsable de revisar y hacer el balance del resumen bancario mensual, esta estafa hubiera sido descubierta mucho más a su comienzo, o hubiera sido completamente frustrada.

Otras situaciones

Otras situaciones pueden involucrar el uso de las tarjetas de débito o de crédito para cubrir gastos personales o de recreación, la emisión de cheques de la parroquia como regalos para amigos o parientes, y la compra de bienes o servicios bajo la apariencia de atender a las necesidades de la parroquia cuando, en realidad, es para el beneficio del individuo que inició la compra. Planes más elaborados pueden comprender la emisión de cheques pagaderos a falsos comerciantes, en pago por bienes o servicios cuando, en realidad, ningún bien o servicio ha sido prestado y, por el contrario, el pago deviene en una ganancia ilícita para el autor. Este mismo diseño puede ser aplicado al sistema de pago de los salarios parroquiales, al "inflado" de los sueldos o el agregado de una persona (real o ficticia) que sirve como medio para pagos que finalmente terminan en bolsillo del perpetrador.

También son objeto de abuso otros aspectos de las operaciones financieras de las parroquias. Una de ellas es la de los depósitos directos o la transferencia de fondos parroquiales a una cuenta bancaria controlada por el párroco o por un empleado. Por ejemplo, en relación al caso previamente citado del East St. Louis, el artículo periodístico también decía que "el sacerdote de la parroquia, el Rev. Clyde Grogan, está bajo investigación por la diócesis después que una revisión hecha por la diócesis…encontró que no puede encontrar un adicional de $75.000 del $85.000 que fue gastado a lo largo de varios años de un fondo de caridad que sólo él controlaba". Aunque el artículo no lo especifica, esto suena como un fondo llamado discrecional en base al hecho de que el dinero fue gastado a "lo largo de varios años". Es probable que la diócesis no supiera de su existencia o falló en incluirlo en su auditoria sobre las finanzas de la parroquia. Los fondos discrecionales, incluso aprobados, son una verdadera caja de Pandora.

Otra situación comprende el uso de dinero en efectivo para gastos personales menores (en algunos países se los denomina "caja chica" y están destinados a solventar los gastos pequeños derivados de necesidades inmediatas; cuanto más grandes sean ellos, mayor la posibilidad de abusos. A este respecto, algunos (quizás muchos) párrocos cuentan con una suma de dinero extraído cada semana de la colecta del domingo y puesto aparte para sus gastos personales. El monto puede ser tan pequeño como $100 pero puede ser de $500 o más, dependiendo de las necesidades determinadas por el propio párroco. Frecuentemente, a este dinero se lo denomina "gastos menores" cuando, de hecho, es dinero de deleite, que permite al párroco llevar un estilo de vida que, de otra forma, no estaría en condiciones de mantener.

Dado que el documento de la USCCB sólo dedica tres frases al tema de los gastos menores y en vista del gran potencial que dicha área ofrece para abusos, se justifica un trabajo más minucioso del tema. (Aunque el tema de los resúmenes bancarios fue tratado con gran detenimiento, fue orientado hacia las operaciones diocesanas. Consecuentemente, también él merecerá aquí mayor atención.)

Fondos para gastos menores

El propósito de los gastos menores es el de financiar gastos pequeños e imprevistos que deben ser efectivizados en plazos cortos para satisfacer necesidades inmediatas. Se espera que, con una planificación apropiada, la necesidad de grandes compras deba ser prevista anticipadamente y su pago realizado mediante cheque, de acuerdo a normas establecidas. En una emergencia los gastos que excedan las reservas de la cuenta de pequeños gastos, deben ser pagados con cheque; aumentar el monto de los pequeños gastos con el fin de estar en condiciones de cubrir compras grandes o de "emergencia" es inadmisible tanto desde el punto de vista de la seguridad interna como de la externa.

Con frecuencia, los fondos para gastos pequeños, en organizaciones menores, son altamente vulnerables a malversaciones o robos encubiertos. Por esta razón, es mejor que no estén compuestos por una gran suma de efectivo en algún tiempo dado. En el promedio parroquial, no debe contener más de $100 o así.

El mejor medio para establecer los pequeños gastos es colocar una suma fijada de dinero bajo la custodia del secretario de la parroquia u otro, que tenga más probabilidad de conocer a las necesidades básicas de cada día. Los fondos deben estar en una caja fuerte cuya llave sólo esté en poder del designado. Una llave duplicada debe ponerse, ante un testigo, en un sobre cerrado y fechado y depositarse en una caja fuerte separada, accesible a otro personal, para su uso sólo en casos de emergencia.

Cuando los gastos se hacen únicamente en dinero en efectivo, el reintegro debe ser contrabalanceado mediante el depósito del recibo de compra en la caja fuerte. Éste debe estar fechado y contener la identificación del ítem (o ítems) adquirido. Para evitar el uso de fondos personales, el empleado que hace la compra puede recibir, si lo pide, un adelanto en efectivo. En cualquier momento, el dinero efectivo y los recibos deben totalizar $100 o la cifra que fue inicialmente confiada al custodio de la cuenta de gastos pequeños.

Cuando la cuenta para pequeños gastos llega a menos de $25 o a otra cifra determinada, un cheque por la suma de recibos acumulados debería ser extraído de la cuenta bancaria de la parroquia, cobrada y el producto depositado en la caja fuerte. Al mismo tiempo, para reponer el fondo, la persona a cargo del registro de los desembolsos debe encargarse de la preservación de los recibos acumulados pues ellos constituyen el fundamento de la documentación para el cheque emitido. Bajo ninguna circunstancia debe la cuenta para pequeños gastos estar repuesta sacando dinero de la colecta dominical; cualquiera que sea el propósito, retirar dinero de ella constituye una receta para el desastre.

La cuenta para pequeños gastos debe ser auditada periódicamente, sin ningún tipo de aviso previo. La auditoria debe ser conducida por el párroco o la persona que lleva el registro de los desembolsos y hecha en la presencia de la persona encargada de la cuenta. Se recomienda que la realice al menos semi anualmente.

Resúmenes bancarios

Para cualquier estafador que lo haga por medio de un ardid que comprenda la emisión de cheques librados sobre la cuenta parroquial -- tanto como pagos directos al malversador y/o a sus cómplices como por pago de bienes y servicios que ellos convierten para gastos personales -- el resumen bancario mensual representa su Talón de Aquiles. Consecuentemente, el estafador hará cualquier esfuerzo para controlar el resumen de la cuenta bancaria y ocultarlo de cualquiera que pueda hacer una revisión crítica y profunda y descubrir la trama.

A la luz de lo anterior, es imperativo que el resumen bancario mensual sea visto y sopesado primeramente por el párroco o un individuo designado por él (que no puede ser la persona que prepara los cheques para gastos o la que lleva el registro de los desembolsos). Además, el resumen bancario debe llegarles sin abrir; un elemento en este tipo de estafa comprende la subrepticia remoción y destrucción de esos cheques cancelados que constituirían la evidencia de la rama. Una vez que la norma de "no abrir" ha sido establecida, la recepción por parte del revisor designado de un sobre abierto (o de uno que parezca haber lo sido y vuelto a cerrar) debe encender la alarma en la mente del receptor y ese resumen bancario debe ser sometido a una minuciosa y especial revisación.

Comúnmente, el párroco o el encargado debería clasificar los cheques en orden numérico y luego examinar cada uno (anverso y reverso) para detectar las irregularidades. Los ejemplos incluyen el cheque extendido a una persona o firma con la que no esté familiarizado el revisor, el endoso que no indique el perfil (nombre comercial en el frente y firma atrás sin el sello que debería indicar que ha sido depositado en una cuenta comercial) o extendido a un nombre conocido (individuo o comercio) por una suma superior a la ordinaria. Cualquiera de los ejemplos anteriores, así como otras circunstancias inusuales observadas por el revisor, deberían integrar las bases para una revisión de la documentación de apoyo que forma el fundamento justificativo del pago, documentación que estará habitualmente bajo la custodia de la persona que prepara los cheques para pagos y/o mantiene el registro de los desembolsos. Por supuesto, en muchos casos las documentos justificativos (usualmente, una factura anotada) confirmarán que el desembolso fue legítimo. No obstante, hay que tener en cuenta que el propósito de estos y otros procedimientos de verificación es identificar aquellas instancias en las cuales no todo está bien; es por esto de vital importancia para una planificación parroquial tanto el disuadir como el detectar los desfalcos.

Ya que está completada la revisión crítica de los cheques cancelados, el revisor debería proceder a comparar hacer el balance entre lo asentado y los registros de la parroquia para determinar que ambos estén de acuerdo. Este proceso le requerirá acceder a la chequera o registro de cheques de la parroquia con el fin de marcar los cheques devueltos y preparar una lista de los excepcionales -- por ejemplo, de los que están escritos y mandados pero aún no aparecen en el resumen del banco. Cuando examine el registro de cheques, el revisor debe estar atento y a los cheques que están fuera del orden numérico en que han sido emitidos; todos los cheques deberían estar contabilizados.

Las copias de las listas de los depósitos bancarios en la oficina deberían ser comparadas con los depósitos en el resumen bancario; el revisor debe asegurarse de examinar el resumen sobre los depósitos perdidos -- eso es, los depósitos regulares (por ejemplo la colecta del domingo) que no aparezcan en él. Eso, por supuesto, debería ser una señal de que los depósitos han sido desviados. En el mismo sentido, el revisor debe examinar el resumen sobre fondos sacados o transferidos que pudieran indicar un método para chupar fondos de la cuenta.

Si la parroquia también mantiene una o más cuentas de ahorro, esos resúmenes mensuales deben también ser manejados de acuerdo a las indicaciones arriba apuntadas; la única diferencia es que no deben ser aplicadas las directrices relativas a los cheques devueltos y cambiados. Hecho con regularidad y apropiadamente, la revisión del resumen de las cuentas bancarias constituyen un disuasivo muy poderoso para aquellos que de otro modo estarían inclinados a enriquecerse a sí mismos, desviando fondos o manipulando las cuentas bancarias parroquiales.

Parroquias pequeñas

El personal de una parroquia pequeña tal vez comprenda únicamente a un secretario y un supervisor, uno o ambos tal vez sean empleados part time. En tales casos y en ausencia de cualquier voluntario calificado de la parroquia, será necesario de que el párroco asuma algunas de los deberes y responsabilidades que desempeñarían ordinariamente otras personas. En las parroquias más pequeñas, por ejemplo, en una iglesia misional), el párroco debería encargarse de todas las obligaciones financieras.

Con respecto a la mención de "voluntarios calificados", el promedio de las parroquias está constituido por individuos cuya educación y empleo cubre un amplio espectro de comunidades integradas por hombres de negocios, obreros y profesionales. Más frecuentemente que no, muchos de esos individuos son muy felices de dar su tiempo y talento para ayudar a la parroquia cada vez y donde sea necesario.

Por lo tanto, en las parroquias más pequeñas, no sólo es aceptable sino que es frecuentemente una buena idea explotar, tanto como sea necesario, el recurso del voluntariado, para establecer una apropiada separación de obligaciones y responsabilidades. Debe recordarse, no obstante, que el párroco es en última instancia, responsable de asegurar que estas últimas estén separadas lo más posible y que todo el personal (incluso algunos voluntarios) trabaje en completa conformidad con las normativas establecidas.

Una omisión garrafal

Si piensa en ello, el descubrimiento de los principios para activar la alarma respecto a la carencia de normativas para la protección de ingresos dentro de la iglesia católica es realmente asombroso. Y la parte asombrosa no es que esos principios fueron descubiertos sino más bien que se den condiciones que justifiquen tales principios.

Con unas 19.000 parroquias dispersas en las casi 200 diócesis a lo largo de los Estados Unidos, la ausencia de normativas estandarizadas para el protección de los ingresos en el nivel parroquial, puede ser como descubrir que grandes tiendas como Sears, Wal-Mart o Home Depot nunca han instruido a sus locales de ventas sobre cómo deben manejar sus facturas de control de ventas para asegurar que toda ganancia es recibida, contenida y dispuesta de una manera uniforme y eficiente. Por cierto, es impensable para todos menos para la iglesia católica. La USCCB acudió a grandes detalles para desarrollar lo que puede ser justamente descrito como el nivel ejecutivo (oficinas diocesanas) en tanto las parroquias eran esencialmente ignoradas, punto al cual la mayoría de los recursos de la Iglesia son recibidos y distribuidos.

¿Qué debemos pensar nosotros sobre esta garrafal omisión?

Por mi previo artículo en el NOR (Septiembre del 2003), sabemos que la USCCB sostiene con firmeza que es impotente para imponer estándares de seguridad a las parroquias. En palabras del entonces presidente, obispo Wilton Gregory, "no estamos autorizados ni canónicamente ni por los estatutos y reglamentos de nuestra Conferencia otorga para disponer en la cuestión de los controles internos sobre las colectas de ofrendas de modo de estandarizarlas o exigir algunos procedimientos particulares". Sin embargo, lo que él no reconoció es el hecho de que el derecho canónico de la iglesia provee a las conferencias como a la USCCB de medios que la "facultan" para imponer tales procedimientos. Todo lo que tienen que hacer es pedírselo. El siguiente es el texto del canon pertinente tal como aparece en el sitio en la web del Vaticano:
Canon 455. §1. La Conferencia Episcopal puede dar decretos generales tan sólo en los casos en que así lo prescriba el derecho común o cuando así lo establezca un mandato especial de la Sede Apostólica, otorgado motu propio o a petición de la misma Conferencia.
§2. Para la validez de los decretos de los que se trata en el §1, es necesario que se den en reunión plenaria al menos con dos tercios de los votos de los Prelados que pertenecen a la Conferencia con voto deliberativo, y no obtienen fuerza de obligar hasta que, habiendo sido revisados por la Sede Apostólica, sean legítimamente promulgados.
La cuestión, pues, no es lo que la USCCB esté o no "facultada" de hacer -- eso es un ardid para despistar -- sino lo que sus miembros desean o no hacer. Y respecto a la protección de los recursos de la iglesia en su punto más vulnerable (el nivel parroquial), lo que no quieren es imponer procedimientos uniformes que a la larga, irían eliminando los robos subrepticios, y las estafas y malversaciones de los fondos y activos parroquiales. En mi opinión, la explicación más simple y menos condenable de esta garrafal omisión es que la USCCB y sus miembros creen que la preservación de su autoridad y prerrogativas individuales es de capital importancia y supera sus obligaciones legales, éticas y morales de proteger los recursos y activos de la iglesia. Las otras explicaciones que se me ocurren son menos halagadoras.

Conclusión

En el 2004, la arquidiócesis de Boston anunció planes para cerrar más de 80 parroquias por varias razones, incluida la incapacidad de una cantidad de ellas para generar suficientes recursos para pagar sus gastos mensuales. Muchas parroquias ya han sido cerradas y otras pronto las seguirán. Dada la inexplicable pero obvia aversión de la jerarquía para uniformar y establecer medidas obligatorias de protección de recursos en el nivel parroquial, sólo podemos adivinar en qué medida la extensión cuán de los hurtos en la colecta dominical y las malversaciones en los post depósitos, han contribuido a la crisis fiscal de la arquidiócesis, para no mencionar las crisis financieras afrontadas por otras arquidiócesis y diócesis alo largo del país. No obstante, mi impresión es que su muy prolongado desdén por procedimientos genuinos y seguros en el nivel parroquial ha contribuido grandemente al actual estado de cosas. Sin duda, ¡cada año se pierden millones de dólares!

Finalmente, si hasta aquí les he dado la impresión que yo creo que nuestra jerarquía es, individuo por individuo, deshonesta, permítaseme rectificar eso. En relación al caso de East St. Louis, el Mons. James Margason, vicario general de la diócesis de Belleville, afirmó que "Deberíamos estar dispuestos a supervisar lo que ocurre en nuestras parroquias e instituciones de manera que este tipo de cosas sean evitadas". El fresco candor del monseñor trae a la memoria el cuento de Hans Christian Andersen "El traje nuevo del emperador", con el monseñor en el rol del pequeño niño que, viendo al rey, exclamó: "Pero no tiene nada puesto". Si sólo los superiores del monseñor quisieran abrazar el mismo candor, nuestra iglesia sería seguramente transformada para mejor.





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