COLUMNA DE INVITADOS
Las escuelas cristianas y el mundo

Abril 2003por Preston Jones

Preston Jones enseña en The Cambridge School of Dallas, en Texas, una escuela preparatoria clásica centrada en Cristo.

Más de unas cuantas bromas se han hecho a expensas de las reinas de belleza cuando declaran que quieren promocionar la "paz mundial". En sí mismo, el sentimiento no es risible: lograr la paz del mundo sería algo muy hermoso. Lo divertido radica, en cambio, en la aparente impracticabilidad de la idea. La paz mundial nunca existió, no será alcanzada hasta la venida del Reino de Dios, y no es mucho lo que las reinas de belleza puedan hacer acerca de esto.

No obstante, en cierto sentido, cada persona tiene la capacidad de cambiar al mundo. Cada una contribuye a la suma total de felicidad, satisfacción y decepción que se percibe en el mundo. Usualmente, la gente no tiene idea de cuales van a ser, en el largo término o al final, las consecuencias de sus acciones y palabras, pero sí puede hacer cosas que hagan que sus vidas sean más valiosas, no sólo para sí, sino para los demás y para la comunidad cristiana. Uno de los objetivos de la educación cristiana es ayudar a la gente joven a que comprenda qué es lo que realmente importa en lo que hace y dice.

Por supuesto, pocas son las personas -- p.e., el Secretario de la Naciones Unidas, el Secretario de Estado norteamericano -- que actúan a nivel global. Y no obstante que pensar globalmente es bueno (si realmente fuera posible), muchos de nosotros estamos limitados a actual localmente. E incluso aquellos que actúan en la escena internacional no son inmunes a las realidades mundanas de la vida humana. De modo que otro objetivo de la educación es atemperar la ambición de grandeza y de autobeneficio.

Quiero creer que, más que cualquier otra ciudad de los Estados Unidos, Washington, D.C. está habitada por gente ambiciosa que quiere hacer lo mejor por "el mundo", y también es una ciudad estremecida por políticas astutas, complacientes y destructoras, y por traiciones. Parece estar llena de gente que ama a la humanidad en general pero que no puede soportar a la gente en particular. Esto nos recuerda otro objetivo de la educación que es el de enseñar a los estudiantes a pensar abstractamente, pero sólo al final, por aquello de actuar recto y vivir bien. No hay nada de loable en una persona que aprende mucho y sin embargo "nunca será capaz de arribar al conocimiento de la verdad" (2 Tim. 3:7).

Una y otra vez las Escrituras muestran imágenes de lo paradojal que es la situación del cristiano en el mundo. ¿Cómo se puede ser "prudentes como las serpientes y sencillos como las palomas"? (Mt. 10:16; cursiva agregada). ¿Cómo es posible "honrar al rey" (1 Pedro 2:17) y simultáneamente mantener la identidad cristiana siendo "forastero" y "peregrino" en el mundo (1 Pedro 2:11)? Una de las razones por las cuales el cristiano no puede terminar de entender qué significa estar en el mundo sin ser parte de él, es porque las respuestas de una persona a los acontecimientos varían de acuerdo a las circunstancias, y las circunstancias históricas nunca son exactamente iguales para todos los hombres a lo largo el tiempo. Cada generación de cristianos, en cada lugar, necesitará determinar por sí misma y en base a su situación y posibilidades, qué significa estar simultáneamente comprometido con "el mundo" y espiritualmente distanciado de él.

A veces los cristianos están tentados de fingir que la vida no es realmente compleja y una de las vías que eligen es crear por sí mismos un mundo falso en el que las cosas se simplifican si se acercan a escuelas cristianas "seguras" (ya sea protestantes o católicas). Una acusación frecuente dirigida a las escuelas cristianas -- a saber, que tratan de proteger a la gente joven del mundo real -- es correcta. Es verdad: las buenas escuelas cristianas deben proteger a sus estudiantes, familias y profesores de muchas cosas de "el mundo". Pero en el mejor de los casos, no es porque los cristianos tengan miedo del mundo sino porque mucho de que ocurre en él es ridículo.

El cristiano se retira del mundo n o para aislarse de él; se aleja para lograr una mejor y más verdadera visión del orbe. Cuando la gente afronta circunstancias desesperantes, manifiesta con frecuencia que necesita "volver atrás", "tomar un respiro" y "tomarle la mano" a la situación. Lo que pretende decir es que, de alguna manera, es necesario tomar distancia de las propias circunstancias para así lograr una mayor comprensión de las mismas. Las personas razonables no hacen esto con la esperanza de que alejándose de los problemas ellos desaparecerán. Lo hacen porque piensan, que habiendo logrado alejarse un poco de su problema, podrán comprenderlo mejor y por lo tanto estarán en mejores condiciones de encontrarle una solución. Las escuelas cristianas brindan a catedráticos, padres y alumnos un lugar que pone cierta distancia entre ellos y el fastidioso mundo, pero no para que escapan de él. Más bien para que, separándose de él por un tiempo, logran una mayor valoración crítica y un mejor sentido de su lugar en el mundo.

Por supuesto, las cuestiones difíciles pueden ser encaradas entre un mismo tipo de creyentes y aún así no ser resueltas. Y una vez que un estudiante o un maestro han permanecido algunos años en una escuela con otros que han tomado seriamente fe y saber, debe (en palabras de Victor Hugo) querer quedarse en ese "resguardado Eden…en donde todos los sentidos y todas las aspiraciones [se elevan] directamente al Cielo". Pero muchos cristianos no gozan de semejante lujo. Pedro, Pablo y Juan querían permanecer en la cima del Monte Tabor con Jesús, Moisés y Elías, pero su pedido fue negado y antes de que terminara el día, fueron enfrentados al mal, la locura, la incredulidad, la debilidad y la duda.

Una educación adquirida entre inteligentes y reflexivos creyentes cristianos no puede preparar a los estudiantes para predecir lo que la vida en este mundo les va a "tirar", pero puede ayudar a formar los talentos de la gente joven hacia la vida y le fe. Las escuelas cristianas quieren ayudar a los jóvenes cristianos a forjar dentro de sí mismos una moral profunda, a buscar la sabiduría, y ser realistas respecto de la vida de modo de reducir la posibilidad de que, llegada la edad madura, tengan que confesar que han hecho un desastre de sus vidas.

Las Escrituras abundan en admoniciones que parecen sencillas, pero que requieren una gran sabiduría para ser aplicadas a la vida ordinaria: "Comportáos prudentemente con los de afuera [de la casa de Dios], aprovechad bien el tiempo" (Col. 4:5); "caminad de una manera digna del llamamiento que se os ha hecho" (Ef. 4:1); "andad de una manera digna del Señor afin de serle gratos en todo, dando frutos en toda obra buena" (Col. 1:10).

El propósito de la educación cristiana es ayudar a los jóvenes a que comprendan que mandatos como estos no son piadosos clichés, que son preceptos audaces aún cuando raramente se los pone en práctica.





Back to Abril 2003 Issue

Read our posting policy Add a comment
Be the first to comment on this story!


©