LAXISMO
La guerra y la exigencia de la certeza moral

Marzo del 2007By Emmanuel Charles McCarthy

El Rev. Emmanuel Charles McCarthy es sacerdote del rito oriental de la iglesia católica (Bizantina-Melquita). Ex abogado y educador universitario, maestro en el seminario, director espiritual, y rector, ha sido nominado al Premio Nobel de la Paz por su labor a favor de la paz entre los hombres y con Dios. Reside en Brockton, Massachussets. Este artículo, que apareció en www.TCRNews.com, fue distribuido a cada uno de los obispos, en la reunión de la conferencia de obispos católicos norteamericanos de noviembre del 2006, pero no dio lugar a ninguna discusión sobre las cuestiones que plantea.

"El juicio del Santo Padre es también convincente desde un punto de vista racional. No hubo razones suficientes para desencadenar una guerra contra Irak." — Cardenal Joseph Ratzinger, prefecto Congregación para la doctrina de la fe, 2 mayo, 2003

Si hay una ley moral absoluta en el cristianismo, en el catolicismo o en la ley natural, es "No matarás". En la ley moral católica, la muerte injusta de un ser humano es homicidio. Dos papas han dicho que la guerra del gobierno de los Estados Unidos contra Irak es injusta. Matar en una guerra injusta es el crimen del homicidio.

Para que, de acuerdo a las "rigurosas exigencias" de "justicia y bondad" que establece la doctrina católica sobre la guerra justa, una contienda en la que están intencionalmente involucradas vidas humanas, debe reunir todas las condiciones necesarias para una certeza moral.

Aunque raramente enseñado o discutido en público, constituye un presupuesto moral vinculante de la doctrina sobre la guerra justa el que antes que una persona pueda justificadamente matar a otro ser humano en una guerra, debe tener la certeza moral de que están reunidas todas y cada una de las exigencias católicas sobre ella. No sólo reunidas, sino estrictamente alcanzadas (Catecismo de la Iglesia católica, nº 2309). Tienen que estar estrictamente alcanzadas antes que empieza la guerra (jus ad bellum). Más aún, tienen que estar estrictamente alcanzadas mientras la guerra esta proseguida (nº 2312), momento a momento a lo largo del transcurso completo de la guerra (jus in bello). La doctrina católica sobre la guerra justa no es una carte blanche moral a la participación católica en guerras apoyadas por los políticos locales — no obstante que esta es la forma en la que frecuentemente se la interpreta y aplica.

Certeza moral u homicidio

El mal no se transforma en bien simplemente porque uno lo hace en grupo o porque una persona con autoridad secular lo ordena. A un católico, sea obispo o laico, le está moralmente prohibido dejar de lado su conciencia o las enseñanzas morales de la iglesia en el umbral de una batalla. Una declaración de guerra no es una licencia abierta que autoriza a un católico a matar a otros seres humanos. No es más que una de las condiciones que debe ser estrictamente cumplida a fin de que la muerte en una guerra no sea el homicidio.

La doctrina católica sobre la guerra justa generalmente aceptada es la que sigue:

(1) Autoridad legítima: la guerra debe ser declarada por una autoridad legítimamente autorizada para declararla.

(2) Causa justa: solo una guerra defensiva es moralmente justa; la guerra ofensiva, de cualquier tipo, no es moralmente justificable.

(3) Intención justa: venganza, odio, la injustificada confiscación de la riqueza o de los derechos de propiedad de otros, de su fuerza laboral o de su comercio son fines moralmente prohibidos.

(4) Último recurso.

(5) Probable éxito.

(6) Medios justos: el medio elegido debe ser indispensable para alcanzar el fin.

(7) Inmunidad frente a los ataques para los civiles o los no combatientes.

(8) Proporcionalidad: el daño hecho a la gente por la guerra no puede ser mayor que el que hubiera sufrido si la guerra no tuviera lugar. No puede permitirse una estrategia defensiva, jus ad bellum o jus in bello, que exceda lo límites de la proporcionalidad.

Si hay una duda moral no resuelta sobre cuando las exigencias de la guerra justa son estrictamente seguidas, en esta situación el católico tiene prohibido matar o apoyar la muerte, independientemente de la declaración de guerra por una autoridad secular.

La iglesia católica tiene en alta estima la sacralidad de la vida humana y enseña que cada ser humano — sin excepción — está hecho a imagen y semejanza de Dios. A causa de la sacralidad per se de la vida humana, la doctrina de la iglesia católica sobre la guerra justa parte de "una fuerte posición moral contra la guerra que está obligando en todo" (Challenge of Peace: God’s Promise and Our Response, Carta pastoral sobre la guerra y la paz, conferencia nacional de obispos católicos, 1983). Esta presunción puede únicamente ser dejada de lado mediante una estricta aplicación de la doctrina católica sobre la guerra justa. De lo contrario, el matar en una guerra es injusto — es decir, es el mal del homicidio. Estricta certeza moral en la aplicación de las normas de la doctrina de la guerra justa es el patrón al que todos los católicos están sujetos cuando tratan de superar/vencer esta "fuerte presunción contra la guerra" que es intrínseca a la teología moral católica enseñada por el magisterio de la iglesia. El Catecismo dice que "todos los ciudadanos y gobernantes están obligados a empeñarse en evitar las guerras" (nº 2308).

Los sistemas morales como guías para la certeza moral

En la ley moral católica hay sistemas morales aceptados cuyos propósitos son guiar a las personas a un estado de certeza moral cuando existe una duda sobre si un acto es bueno o malo. Uno de los métodos por el que la conciencia humana puede avizorar alcanzar la certeza moral, cuando haya duda moral sobre cual vía de acción moral seguir, es el llamado laxismo. El laxismo ha sido condenado por la iglesia católica. (Denzinger, Enchiridion Symbolorum, nº 2101-2165, especialmente nº 2103). Esta condena significa que los argumentos morales específicos, aquellos que quizás tengan precisión lógica pero cuya evidencia muestra que son altamente improbables en la realidad, no deben emplearse para justificar una postura moral ante Dios. Por tanto, es evidente que, cuando la ley moral debe ser estrictamente observada, específicamente en relación a la muerte de otro ser humano, está prohibido sostener argumentos morales dudosos. Repetimos, el laxismo no puede ser utilizado en ninguna situación como un método lícito para alcanzar la certeza moral necesaria para actuar ante Dios de buena fe — y esta debe comprender aquellas situaciones morales en las que es obligatoria la estricta interpretación de la ley moral.

Una 'escapatoria moral' vacua

Si lo que acabo de decir no hubiera sido totalmente comprendido, permítaseme clarificarlo rápidamente y con esto cerrar una potencial "escapatoria" moral — una "escapatoria" moral que, prácticamente, sostiene cada partidario de la doctrina de la guerra justa que ha apoyado una guerra, cuando se descubren y hacen públicas las verdaderas razones de la guerra y lo ocurrido en ella. Ningún obispo católico, o nadie a ese fin, puede utilizar la excusa de auto-exonerarse invocando una invencible e inocente ignorancia en una cuestión moral relacionada con el homicidio, si tiene el deseo genuino de saber — y de tratar de saber — la verdad real de la cuestión al momento de su decisión: "¿Hay o no más que 650.000 civiles iraquíes muertos y cientos de miles más mutilados, con su número incrementándose diariamente?" "¿Cómo ocurrió esto?" "¿Cómo ocurre eso si el gobierno de los Estados Unidos ha adherido estrictamente a los principios católicos sobre la guerra justa y apropiadamente enseñados a los soldados católicos por sus capellanes?" "Saddam Hussein ¿tenía o no armas de destrucción masiva?" "¿Poseía o no la capacidad técnica necesaria y la intención de usarlos contra los Estados Unidos en una futuro inmediato?"

Lo que sigue es de una entrevista concedida por el Arzobispo de Atlanta John F. Donoghue, unos días después del comienzo de la guerra contra Irak (19 marzo, 2003) y publicada en el Georgia Bulletin (27 marzo, 2003), un semanario católico diocesano:
El Papa y otros líderes han dicho que debemos usar la diplomacia. Lo hemos intentado y la respuesta de Saddam ha sido siempre la misma…. Pienso que Saddam tiene armas de destrucción masiva. Que eventualmente haría un ataque preventivo contra nosotros… [El Presidente Bush] tiene el derecho y la obligación de proteger a los ciudadanos de este país si es que piensa que todos los caminos están agotados…. Pienso que la diplomacia ha cumplido su papel. ¿Qué otras pruebas necesita…? No tenemos adonde más acudir. Él [Saddam Hussein] podría matar a miles de personas en un ataque preventivo. Pienso que es probable que llevara a cabo un ataque preventivo contra nosotros…. Pienso que las vidas humanas no significan nada para él…. ¿Ud. esperaría a que lanzara el primer ataque antes de ir a la guerra en su contra? Yo no lo pienso.
Es difícil de entender cómo se logra la estricta certeza moral cuando los dos máximos inspectores y evaluadores de los programas de las Naciones Unidas para el armamento de Irak, Hans Blix y el Mayor Scout Ritter, USMC, fueron constante y públicamente mostrados diciendo que no hay armas de destrucción masiva en Irak, ni ninguna capacidad de producirlas en un cercano futuro. Extraña la habilidad del Arzobispo Donoghue para lograr estricta certeza moral con el objeto de respaldar moralmente a la guerra contra Irak cuando se sabe que tiene acceso directo a una de las mejores centrales de inteligencia del planeta, la secretaría de estado del Vaticano, y que o no la consultó o no le creyó, dado que este organismo se opuso a la guerra como moralmente injustificable.

¿Cómo puede un arzobispo superar con certeza moral la moralmente obligatoria y fuerte creencia de la iglesia católica contra la guerra mediante la estricta aplicación de la doctrina católica sobre la guerra justa cuando el propio Vaticano le está diciendo que allí no se reúnen las condiciones de la guerra justa bajo las normas morales católicas? ¿Podrá no ser consciente de la probada, a través de la historia, advertencia de Cicerón de que "la primera víctima de la guerra es la verdad"?

No obstante, la ignorancia personal — culpable o no — no impide a algunos ver y destacar, con una seriedad de vida o muerte eterna, la catástrofe moral que ha sufrido la iglesia católica y otras iglesias cristianas de los Estados Unidos. La laxitud moral, jus ad bellum y jus in bello, ha sido el sistema moral de facto elegido por los obispos católicos norteamericanos, y por muchos católicos y cristianos, para justificar la muerte y mutilación de cientos de miles de iraquíes y por permitir a millares de católicos americanos y a otros cristianos ir e involucrarse en este matanza. Si los obispos católicos han adoptado el mismo sistema moral relajado para lograr certeza moral en relación a la posible destrucción de una persona por medio del aborto, nadie sabría si están a favor o en contra del aborto. Sin embargo, se trate de que una persona viva en el vientre materno o en Fallujah, la elección del laxismo para decidir si una vida puede ser destruida lícitamente, sea lo contrario de la creencia en "la santidad de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural".

Uranio empobrecido

Tomemos el caso de las armas de uranio empobrecido (UE) como armas de destrucción masiva intrínsecamente perversas. ¿No son armas de destrucción masiva las balas blindadas, proyectiles, bombas y misiles hechos con uranio empobrecido? ¿Por qué? La muy densa munición de UE estalla al impactar. El fuego libera partículas radioactivas microscópicas y tóxicas de oxido de uranio que viajan con el viento y pueden ser inhaladas o ingeridas. Ellas expanden, además, la contaminación a través de la tierra y el agua. Debido a su toxicidad por ser metal pesado y a su radiación (rayos alfa y beta), dañan los órganos internos del cuerpo humano. Por sus efectos difusos e indiscriminados, el UE ha sido clasificado como una arma omnicida — que destruye todo lo vivo. En este sentido, el uranio empobrecido es un enemigo de la vida en sí misma y de todo lo que la sustenta — aire, agua y suelo. El UE permanece radioactivo una media de 4 mil quinientos millones de años de vida.

Las armas radiológicas (incluidas las bombas, las teledirigidas y los misiles con UE) frecuentemente utilizados por los Estados Unidos en Irak están prohibidos bajo los artículos 35 a 55 del adicional al protocolo primero de la convención de Ginebra. En la doctrina católica sobre la guerra justa la destrucción de la vida humana es inmoral.

En el 2003, fueron usadas 1.900 toneladas (3.800.000 libras) de UE. Antes de la guerra, el ejército norteamericano hizo un profundo análisis de las armas con UE y alertó sobre que la radiación y el metal pesado liberados por ellas en situación de guerra podrían causar daños a los riñones, pulmones, hígado, y cromosomas, desórdenes neurovegetativos y una variedad de cánceres. Incorporados al cuerpo humano podrían producir cáncer de pulmón, de sangre o de riñón.

La asociación norteamericana de veteranos de guerra informa que de los 697.000 militares enviados a Irak para la guerra del golfo en 1991, la mitad reportaron enfermedades graves y más del 30 por ciento son enfermos crónicos y están recibiendo beneficios por discapacidad por parte de la administración de veteranos. Muchos de ellos están en medio de su tercera década de edad, la época en que deberían estar en la flor de la vida. Tal gran abundancia de síntomas diversos ha provocado una enfermedad conocida como el síndrome de la guerra del golfo.

Las toneladas de deshechos radioactivos están contaminando a la mayoría de los centros urbanos iraquíes. Proyectiles disparados con UE están echados por el suelo. En las operaciones militares norteamericana e inglesas, se han desencadenado millones de balas con UE. Los niños son de 10 a 20 veces más sensibles a las exposiciones radioactivas que los adultos. En el lapso de una hora, un niño jugando con un proyectil disparado de UE está expuesto al doble de radiación que normalmente recibiría en el transcurso de todo un año.

El ministerio iraquí de salud ha elaborado para conferencias internacionales de salud informes epidemiológicos detallados y estudios estadísticos mostrando la sextuplicación de los casos de cáncer de mama, la quintuplicación de los de pulmón y el incremento por dieciséis del de ovario.

La comprensión del poder de las armas UE como armamento la destrucción indiscriminada de personas y extensas zonas dentro de un futuro indefinido ha estado al alcance del público al menos desde 1995.

Irak, en la actualidad ¿no está saturada de contaminación de uranio causada por las municiones UE y, en este exacto momento, no está la toxicidad de las mismas comenzando a alimentar la letal destrucción del ámbito bioquímica interno de la gente (neurológico, reproductivo, genético, respiratorio, digestivo, excretorio, inmunológico) de la gente, y no continuará haciéndolo en un futuro indefinido? ¿Cómo puede un obispo católico llegar bajo condiciones rigurosas de legitimidad moral a la conclusión que las UE no son armas de destrucción masiva? ¿Cómo es que, con rigurosa certeza moral, concluye que una guerra que tiene realmente la intención de utilizar tales armas en gran escala, es justa, de acuerdo a las estrictas exigencias de la doctrina católica sobre la guerra justa? ¿Cómo es que llega con estricta certeza moral a la decisión de permanecer silencioso cuando miembros del cuerpo de Cristo que están bajo su cuidado espiritual van a matar y contaminar y a ser matados y contaminados por este atroz instrumento de destrucción indiscriminada? ¿Qué significan respeto, reverencia y santidad de la vida cuando se los incluye en él?

Ambigüedad y silencio

La conferencia de los obispos norteamericanos y cada obispo que la integra deben cesar y desistir de forma inmediata de involucrarse en este muy grave mal. Deben informar sin ambigüedad a quienes están bajo su responsabilidad moral que no deben apoyar o participar en este conflicto. Los obispos den ser inequívocamente sinceros en su condena a las muertes injustificadas en Irak así como lo son en su condena a la injustificada muerte en el vientre.

El calculado testimonio de planeada ambigüedad y silencio que da consentimiento — sin mencionar el jingoísmo que con su pasividad permiten que pase como teología moral católica — significan cooperación y complicidad con la muerte injustificada. La justificación de un mal grave es promoverlo. El silencio otorga consentimiento.

Los obispos han permanecido silenciosos o ambiguos frente a un grave mal, y su silencio será interpretado y usado con una señal de aprobación moral: Nosotros obispos debemos estar en desacuerdo con las políticas y prácticas relacionadas con esta guerra. Sin embargo y si lo desea, Ud. puede participar en ella y sostenerla.

Conferir a una persona la libertad de consciencia en relación a una forma de homicidio es remover la mayor barrera para involucrarse en ese acto. Es también proveerlo de una importante herramienta con la cual otros pueden reclutar gente para lo mismo. En una sociedad capitalista o comunista, un tal imprimátur vale su peso en oro. Para un gobierno que planea ir a la guerra o ya está en ella, vale más que diez regimientos o diez navíos de guerra o diez redes televisivas. El silencio, el imprimátur no verbal, puede ser, incluso, cooperación con un homicidio injustificado. En el caso de la presente guerra contra Irak parece que fuera intencionadamente eso.

Ha llegado para los obispos norteamericanos el momento del arrepentimiento público, para cambiar sus convicciones y sus comportamientos en relación a esta cuestión de la matanza de seres humanos en Irak. Así como su silencio ha consentido la muerte masiva, como también el uso de un sistema moral condenado (laxismo), ahora dejémosles reclamar la tradición y autoridad moral, diciéndoles, al unísono, en un lenguaje que las almas sencillas pueden comprender: "Esta guerra es injusta y matar en ella es un crimen de acuerdo a la ley moral católica. Por lo tanto, nuestros soldados católicos no pueden continuar participando en ella o apoyándola".

La muerte injustificada está cerrada a la justificación ex post facto

Finalmente, que no haya esfuerzos tardíos, distorsionados, retroactivos, evasivos para auto-justificación. Es moralmente inaceptable sostener que Desde que comenzamos a matar injustificadamente, no podemos detenernos. Sólo dejaremos de matar a los otros cuando ellos, a quienes hemos atacado injustificadamente, dejen de matarnos. La muerte injustificada no pasa a ser justificada ex post facto. Pero el injusto y mortífero atacante responsable de haber iniciado la matanza y el caos ya no tiene derecho moral a seguir presente en esa sociedad bajo los falsos auspicios de ser un pacificador preocupado y benigno.

Guías ciegos

Los obispos católicos de los Estados Unidos están haciendo actualmente gran daño a la iglesia universal, a la iglesia católica norteamericana, a la gente de Irak y al pueblo norteamericano. Por su silencio y ambigüedad se han convertido para las vidas humanas, en auxiliares morales de un injustificado dolor, desperdicio y desolación. Son "guías ciegas" (Mt. 15,14), conduciendo a los que han mantenido invidentes en un camino de rosas de santa matanza, en nombre de los corredores de bolsa, de elites económicas y de señores de la guerra — en vez de guiarlos a lo largo del camino que el Cordero de Dios nos muestra con su palabra y acción.

Es el momento de detenerlos. Un sistema laxista de interpretación moral está prohibido porque corroe todo acatamiento a la moralidad. El testigo de facto de su validez es, por parte de los obispos, una falta muy grave — especialmente cuando se la aplica en los casos en que es obligatoria una interpretación estricta. Tal justificación es camuflar públicamente el mal bajo la apariencia del bien. Es dar un falso, engañoso testimonio sobre el camino a la vida eterna. La obligación suprema de un obispo, como obispo, ante Dios y su pueblo, es conducir a éste hacia la salvación de las almas. Ser un CEO administrando y protegiendo las inversiones de una corporación es una ocupación episcopal secundaria, si es que lo es. Cuando esta última controla a la primera, en vez de ser controlada por ella, entonces dar una media vuelta es la única manera de volver a ser fiel a la vocación para la cual fueron una vez convocados por Cristo. Esta es una tarea para guiar al rebaño a lo largo del camino hacia la salvación eterna. Es una misión para proteger sus corderos de la astucia de los lobos del mal y alimentarlos con las enseñanzas de Jesús y con Jesús.

DOSSIER: Iraq, Just War & American Imperialism





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