COLUMNA DE INVITADOS
Es Hora de Despertarse

Abril 2006Por Robert R. Allard

Robert R. Allard, director de los Apóstoles de la Divina Misericordia (www.DivineMercySunday.com), escribe desde Port St. Lucie, Florida. Él retornó a la Fe en 1993, luego de 25 años de ausencia.

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Hay un récord de huracanes, tsunamis, terremotos, inundaciones y muchos otros desastres naturales. El pecado está aumentando en todas partes: pornografía, homosexualidad, adulterio, fornicación, y miles de niños no nacidos muertos brutalmente y a diario. Los signos sobre el fin de los tiempos se están multiplicando, incluyendo el señal de numerosos mofadores.

Desafortunadamente, muchos de los que se mofan son sacerdotes adormecidos que no se han fijado en la urgencia. La asistencia a misa, que ha descendido a niveles ya epidémicos, no despierta la atención de muchos sacerdotes y obispos que prefieren cerrar parroquias antes que hacer algún esfuerzo para que los alejados católicos vuelvan a practicar la fe. El pecado es raramente mencionado, incluso en Pascua cuando las iglesias están repletas de los que viven en pecado mortal y no asisten a misa dominical o los que por décadas no han acudido a la confesión. ¿Por cuánto tiempo más permanecerán dormidos nuestros lideres mientras las almas a su cargo se precipitan como gotas de lluvia al Infierno?

El cierre de iglesias debe ofender gravemente a nuestro Señor, especialmente mientras nuestros sacerdotes y obispos fracasan en cualquier esfuerzo serio para hacer retornar a la gente a la misa. Incluso en parroquias que han sido cerradas recientemente, Ud. encontraría siempre, en el domingo de Pascua, multitudes de pie. No se necesita ser un genio para imaginarse que si esos católicos de Semana Santa retornaran, esas parroquias estarían prósperas.

Si es cierto que "donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia" (Rom. 5, 20), entonces, y con todo el pecado que nos rodea hoy día, debe haber un océano de gracias disponible. ¿Cuándo y desde dónde nos van a llegar todas esas gracias?

¡El domingo de divina misericordia! Nuestro Señor es fiel a su promesa de otorgar gracias para contrarrestar el pecado. Aquí hemos estado sentados en la barca, como los Apóstoles que estuvieron toda la noche y no pescaron nada. Como a ellos, nuestro Señor nos ha estado llamando y diciéndonos dónde y cuándo debíamos recoger nuestras redes. ¿No podríamos lograr en estos momentos una buena y abundante pesca?

Si no hubiera sido suficiente que una cantidad de récord de gente haya estado tratando de que nuestro clero celebre la fiesta de la divina misericordia, también la santa sede ha expresado en abundancia sobre ello. La iglesia y el Espíritu Santo han hablado volúmenes a cada uno en todo el mundo, comenzando con el decreto que en el Jubileo del Año 2000 estableció el domingo de la divina misericordia y finalizando con la muerte del Papa Juan Pablo II en la vigilia de la fiesta en el 2005.

Lo hemos escuchado muchas veces: sacerdotes y obispos ignorantes diciendo, que el domingo de la divina misericordia no debería haber sido puesto tan cercano a la Pascua, sin darse cuenta de lo perfecto de ello. En primer lugar y en última instancia, deberían ser obedientes al magisterio de la iglesia. En segundo lugar, tendrían que estudiar un poco, especialmente acerca del valor de los octavos (el domingo de la divina misericordia es el octavo día de Pascua), las lecturas del segundo domingo de Pascua que perfectamente avalan una fiesta de la misericordia, y los primeros escritos de Sto. Tomás Apóstol que convocan a una festividad en ese domingo asociada a la confianza en Jesús. Y en tercer lugar, ¡el Papa Juan Pablo II dijo que siguió la voluntad de Cristo al instituir esta festividad de la divina misericordia!

En el Jubileo del 2000, durante la canonización de Sta. Faustina (que fue televisada a todo el mundo) en el domingo de la divina misericordia, el Papa Juan Pablo II declaró que a partir de entonces el segundo domingo de Pascua debería ser reconocido por toda la iglesia universal, como el de la divina misericordia. Unos días después eso fue oficializado a través del decreto del 5 de mayo del 2000. La información sobre este decreto fue transmitida a cada sacerdote y obispo.

Seguramente Ud. estará preguntándose: ¿Por qué necesitamos otra festividad en el domingo posterior a Pascua?" Pregúntese cuántas personas van a misa en Pascua — y cuántas van a volver al domingo siguiente. Menos de la mitad sería la respuesta. Pero ¿qué si estas personas tuvieran una buena razón y un incentivo para retornar? ¿Cómo el del perdón de los pecados y su castigo conjuntamente con un mar de gracias? ¿No pensaría que esos ofrecimientos y la invitación a retornar el domingo siguiente para una festividad especial no sería un buen medio para hacerlas venir a misa cada semana?

En la "Carta a los sacerdotes" del viernes santo del 2001, el Papa Juan Pablo II hizo un llamado para que con urgencia los sacerdotes actuaran para poner fin a la crisis provocada por la pérdida del sentido de pecado y por el restablecimiento del uso frecuente del sacramento de la confesión. También reclamó más enseñanza catequística sobre la conciencia moral y el pecado y la urgente necesidad de presentar el mensaje del evangelio de una manera completa y demandante.

La carta de Juan Pablo II a los sacerdotes del viernes santo del año 2002 fue otro llamado urgente para incitar a la confesión, a la luz de la crisis en la iglesia y en el sacerdocio.

A todos tomó por sorpresa la indulgencia plenaria extraordinaria decretada el 29 de junio del 2002 para el domingo de la divina misericordia, que reiteraba la gran urgencia con que la santa sede consideraba la necesidad de tan extraordinaria ofrenda.

La muerte de Juan Pablo II, en la vigilia del domingo de la divina misericordia, fue un signo para toda la humanidad. Tomemos nota que el último mensaje que escribió al mundo fue leído, tal como se planeaba, el domingo de la divina misericordia.

La gente es receptiva a la predicación de la verdad. Con todos los desastres que se multiplican en el mundo entero, ella tiene la sensación de que algo está ocurriendo. Cuando oiga a los sacerdotes hablar de una festividad de la misericordia que puede darle el perdón de todos los pecados y sus castigos, se reanimará y responderá. Sacerdotes y obispos: ¡no dejen que este año se les pase la oportunidad! Y no olviden que el mejor tiempo para hablar a la gente sobre esto es el domingo de Pascua, cuando las iglesias están sobrecargadas de numerosas almas que durante décadas no han acudido a la confesión.

Actualmente, muchos sacerdotes temen decirle a la gente que debe ir a confesarse. Jesús dijo a Sta. Faustina algunas palabras consoladoras que nos dan confianza para entrar en el confesionario, y los sacerdotes pueden usarlas en sus homilías de Pascua. Nuestro Señor dijo: "Sabe esto: cuando te aproximas al confesionario, soy Yo mismo quien te espera. Sólo estoy oculto tras el sacerdote, pero soy Yo quien actúa en su alma. Aquí la miseria de las almas se encuentra con la misericordia del Señor. Cuando vas a la confesión, a esta fuente de mi Misericordia, siempre la Sangre y el Agua que brotan de Mi Corazón se derraman sobre tu alma y la ennoblecen. Cada vez que vas a la confesión, sumérgete enteramente y con gran confianza en Mi misericordia, de modo que pueda derramar en el alma la munificencia de mi Gracia…. Confiésate ante Mí. La persona del sacerdote es, para Mí, sólo una pantalla. Nunca analices qué tipo de sacerdote es el que Yo estoy utilizando; abre tu alma en la confesión como lo harías Conmigo, y Yo te llenaré de Mi luz."

Sacerdotes y obispos: sean confiados, y no teman predicar en el domingo de Pascua sobre la misericordia de Dios. Es nuestra mejor oportunidad para hacer que las almas vuelvan a una práctica activa de la fe y regularicen su asistencia a la misa dominical, especialmente las de los católicos que sólo lo son en Pascua.

Yo he visto una muy perniciosa práctica por parte de algunos sacerdotes: mandan a sus feligreses a celebrar el domingo de la divina misericordia a otras parroquias. El domingo de la divina misericordia no es esto. No es un "fiesta para devotos," es un "refugio para los pecadores," como Jesús ha dicho que debe ser.

Jesús afirmó a Sta. Faustina que "la pérdida de cada alma Me hunde en una tristeza mortal." También dijo: "Deseo que la fiesta de la misericordia sea refugio y protección para todas las almas, especialmente para los pobres pecadores. En ese día mi Misericordia está abierta hasta lo más profundo. El alma que acuda a la confesión y reciba la sagrada comunión obtendrá el completo perdón de los pecados y su castigo. En ese día están abiertas todas las compuertas desde las que fluyen las gracias. Ningún alma debe temer acércaseme, aunque sus pecados sean horrorosos."

La enseñanza para el domingo de la divina misericordia es confiar en Jesús y no temer ir a la confesión y luego recibir la santa comunión en perfecto estado de gracia. Ahora podemos comprobar la perfección que nuestra santa iglesia católica romana ha puesto al preparar para nosotros este tiempo especial de gracia.





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